

Estoy alegre porque el Penthouse del hotel se llenó, literalmente, de amigos con deseos de ayudar. A todos aquellos a quienes pude estrechar la mano, a quién pude decir ¡Hello!, a quienes pudieron compartir con otros amigos y tomar una copa: Muchas gracias. A los colegas que se acercaron y que con su imagen contribuyeron a movilizar los medios de comunicación, que se detuvieron un instante en la alfombra roja, que fueron pacientes antes los flashes de las cámaras, muchas gracias. Como me dijo un amigo: Era una tarde escrita para un guión del mejor Nueva York, para un libro capáz de resumir las más placenteras acciones de esta gran ciudad: todos entregaban parte de su dinero a una causa humanitaria ubicada en la desconocida península de La Guajira, en Venezuela. Disfrutamos juntos de la idílica imagen del río Hudson visto desde Manhattan, pero nuestra reunión, nuestra unión viajaba con energía positiva hasta el pueblo Wayúu.Espero que todos lo hayan pasado bien y sepan disculpar aquellos detalles que pudieron pasar por alto. Pero qué voy a decir, si todos dedicaron palabras de elogio a la celebración de esta gala. Después del cóctel, los amigos que participaron de la cena robaron todas mis palabras de agradecimiento. No sabía qué decir con cada nueva aportación de fondos, con el detalle de pagar importantes sumas por fotos u objetos que son sólo un medio para ayudar a hacer felices a decenas de niños wayúu. Con todos, con los anónimos y con las celebridades, quedo endeudada emocionalmente. Esta es una deuda de gratitud que asumí en el año 2002 al crear la Fundación Wayúu Taya, ustedes son la fuerza para seguir adelante y merecen de todo corazón: mi agradecimiento. No me olvido de aquellos que enviaron su contribución y disculparon su ausencia por motivos personales o laborales, ellos también estuvieron presentes. Reservo para mi familia un gran abrazo. Deseo que todos sepan que no sólo me refiero a mis padres, hermanos, sobrinos y primos que siempre me han ayudado.
La familia Wayúu Taya es la gente más próxima, aquella que está en Marcaibo, Caracas, Los Ángeles y Nueva York trabajando cada día, incluidos los fines de semana de manera voluntaria para que los fondos de ayuda a la comunidad se transformen en proyectos concretos. Aquellos que hacen que los bolsos Susu lleguen al mercado internacional y sean admirados como muestra del arte creativo del pueblo wayúu, aquellos que atienden la correspondencia de las personas que nos escriben o que diseñan nuestra página Web. A ustedes que dan tanto y piden tan poco, un beso en cada mejilla.
No me cansaré de dar las gracias a todos y a todas. La sonrisa de un Tepichi Talachi (niño feliz) bien vale la pena y de ese sana alegría nos sentimos y sentiremos orgullosos todos los días.
Un beso, Patricia Velásquez.
New York, Mayo 14, 2007.

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